Blog: La agonía de un Apu, el Caso Huaytapallana

La tecnología e innovación como importantes herramientas de adaptación frente al Cambio Climático.

Por Arturo Salazar

Columnista – Generación +1

El Perú es uno de los países con mayor biodiversidad genética, tanto en flora como en fauna, en todo el mundo. Asimismo, es uno de los países con mayor número de microclimas existentes en nuestro planeta, teniendo 84 de los 114 existentes, todo esto debido a su variada geografía y los cuerpos de agua que lo conforman (MINDEF, 2013). Por otro lado, el Perú se encuentra entre los países top 20 con mayor oferta hídrica, cuyo récord registra 2’046.287 de metros cúbicos de agua al año (SINIA, 2013), lo cual contrasta con su pobre sistema de distribución, siendo, además, el tercer país más vulnerable frente a los efectos del cambio climático.

Sumado a las riquezas antes mencionadas, el Perú contiene la fracción más larga de glaciares tropicales, siendo esta un total del 70% (Vuille, 2008). En este marco, nuestro país posee 20 montañas con presencia de glaciares, los mismos que en conjunto han registrado una reducción del 40% de su superficie en los últimos 40 años. El cambio climático es el principal responsable de que ello haya ocurrido (Cinabrio, 2014).

Dentro de este grupo de glaciares ubicados en territorio peruano, se encuentra un glaciar de vital importancia debido a su estrecha relación con la población que lo circunda. El llamado Huaytapallana (palabra quechua que, traducida al español, significa “lugar donde se recogen las flores”), alimenta gran parte de la cuenca del Mantaro y en especial la ciudad de Huancayo-. Dicha cuenca alberga la mayor población andina del Perú, y es también reconocida como una de las principales regiones agrícolas del país, así como por su alta concentración de hidroeléctricas que brindan mayor energía en el país (IGP, 2010). La situación actual del glaciar es lamentable, se ha registrado ya una perdida de 21 km2 en los últimos 30 años y se prevé que en 60 años este glaciar habrá desaparecido (Suarez, 2011), lo cual ocasionará que para el 2030 la ciudad de Huancayo tenga un déficit de agua debido al incremento poblacional (que se estima crezca en 24,5%). La demanda de agua al 2030 sería de 25,8 millones de m3, superando la oferta en 45% (Bulege, 2013).

Si bien es cierto los datos mostrados anteriormente son proyecciones ante un escenario BAU (Business as Usual), su cálculo es posible gracias a tecnologías a las que se puede acceder hoy. Sin duda, los escenarios planteados serían aun más certeros si la tecnología avanzada existente en países de primer mundo se pondría en práctica en nuestro país, considerando su vulnerabilidad frente al cambio climático.

En el caso del retroceso glaciar son importantes los datos de humedad, radiación, precipitación, captura y procesamiento de fotografías aéreas e imágenes satelitales, entre otros. Los aparatos existentes en nuestro país no son del todo sofisticados, o no reciben un adecuado mantenimiento por falta de presupuesto, y esto se puede ver reflejado en la calidad de datos que se pueden extraer de los mismos. Hoy en día (centrándonos en el estudio del Huaytapallana) se carece de ciertos equipos necesarios para el estudio de retroceso glaciar más a detalle, tales como densiómetros, radares para estudiar nubes y lluvias, instrumentos que midan la nieve y granizo, entre otros. Adicionalmente, si se quisiera estudiar más a fondo dicho glaciar, se necesitaría medir sus dimensiones, para lo cual se necesitaría un GPR (Ground Penetration Radar), un dispositivo con un costo muy elevado y que solo tiene la Unidad de Glaciología y Recursos Hídricos de Huaraz (Drenkhan, 2014).

Por otro lado, se ve la necesidad de desarrollar e implementar satélites que detecten y diferencien el cuerpo glaciar del manto de nieve, ya que puede causar distorsiones en el estudio a realizar. Asimismo, será de gran relevancia dotarnos de tecnologías que puedan identificar el espesor y volumen de los mismos a mayor exactitud, así como de poseer imágenes de mayor resolución e imágenes de alta calidad, como las SPOT o las IKONOS, las cuales tienen un valor económico elevado, pero son necesarias si se desean obtener buenos resultados mediante un NSDI (Indice Normalizado de Nieves).

En la actualidad, el glaciar del Huaytapallana no posee ninguna Cooperación científica para su estudio, como sí se tiene en Huaraz, con la Cooperación Suiza a través de la Universidad de Zürich. Es clara la falta de atención que recibe el Huaytapallana ya que ni se encuentra monitoreada ¿Es que acaso se espera una catástrofe para que recién se pueda hacer algo al respecto?

En el marco de la COP20 a realizarse en la ciudad de Lima, se han discutido temas de transferencia de tecnología de países más desarrollados hacia países en vías de desarrollo. No solo será necesario la transferencia tecnológica, sino también transferencia de conocimiento y que se hagan más alianzas entre centros de investigación, universidades e institutos, con el fin de generar un flujo de especialistas capacitados que trabajen estos temas.

Por otro lado, esta transferencia de capital humano y tecnología no se debe limitar a estudios e investigaciones puntuales, sino también se debe dar fluidez a la transferencia de tecnología para adaptación y mitigación frente al cambio climático. Cabe resaltar que por cada sol que el Perú invierta en adaptación y previsión son S/. 4 de ahorro en gastos de remediación (Durand, 2013).

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