Cinco preguntas y respuestas para entender la COP21

En ConexiónCOP compartimos un artículo escrito por Diego Arguedas, periodista costarricense que está cubriendo en París las negociaciones climáticas para el medio OjoalClima.com

5 elementos para entender el acuerdo tamaño

Foto: Ronaldo Schemidt / AFP

Desde un centro de conferencias en las afueras de París, negociadores de 195 países repasan páginas y páginas de borradores, buscando la combinación que resuelva la encrucijada del cambio climático y que permita firmar un acuerdo para detener el calentamiento global, con el respaldo de todos los países.

Estos problemas son complicados de resolver, pero pueden explicarse (de manera general, eso sí) con relativa facilidad. Estos son cinco puntos que debe conocer para entender mejor el acuerdo que busca la Conferencia Mundial del Clima.

1. ¿Cuál es el objetivo del acuerdo?

En principio, hay dos grandes metas: contener las emisiones de gases de efecto invernadero para detener el calentamiento global y buscar soluciones para los efectos negativos que ya estamos viviendo del cambio climático. Es decir: mitigar las emisiones y adaptarnos a los impactos.

Todo esto parece simple, pero ¿cómo expresarlo en un documento legalmente vinculante que exprese la voluntad de 195 países? ¿Cuál debe ser la combinación adecuada de palabras si unas naciones dependen del petróleo, como Arabia Saudí y Venezuela, y otras podrían desaparecer por el alza en nivel del mar, como las islas de Kiribati o Tuvalú?

Precisamente eso tratan de responder las 50 páginas del borrador de negociación sobre el que trabajan los negociadores.

 2. ¿Cómo se mide este objetivo?

Una manera que se definió en el 2009 es plantear una meta con base en el aumento de temperatura: las negociaciones del clima buscarían limitar el calentamiento del planeta a máximo 2°C, tomando como base el período entre 1850 y 1900.

Los científicos tienen mediciones claras de este período, cuando todavía el ser humano no tenía tanto impacto sobre la temperatura del planeta. Con base en ellos pueden calcular los efectos negativos si superamos ese límite de los 2°C y las acciones necesarias para cumplir esa meta.

De hecho, más de 100 países entre los más vulnerables del mundo ha planteado que un aumento de 2° es todavía demasiado peligroso y quieren que la convención defina un techo más bajo de 1.5°C. Es mejor prevenir que lamentar, ¿verdad?

Por otro lado, si mantenemos el camino que llevamos el planeta se calentará a cerca de 4.5°C a finales del siglo XXI.

¿Cómo lo solucionamos? Diseñando una estrategia para recortar las emisiones que calientan el planeta, lo suficiente como para alcanzar el objetivo.

3. ¿Cómo reducimos?

Es fácil entenderlo con una analogía: imagine 195 familias de Puntarenas, una más ricas y otras más pobres, aportando cemento para construir un nuevo rompeolas que proteja la ciudad.

Como la municipalidad no puede ordenarles cuánto debe aportar cada una, decide que el primer paso de la negociación será que todas proponga cuánto pueden hacer.

En la Convención del Clima, a estos aportes se les llaman “Contribuciones Previstas Nacionalmente Determinadas” (INDC, en inglés): es decir, los aportes definidos por cada país, pero que, por ser “previstos”, no son compromisos adquiridos.

La mayoría de las 195 familias pusieron sus cartas sobre la mesa y tras sumar todos ellos, la municipalidad determinó que no alcanzaba para construir el rompeolas. Quedaba a medio camino. ¿Qué tan a medio camino?

Bastante. Luego de que cada país presentó sus INDC, los análisis muestran que el planeta se calentaría entre 2,7°C y 3,5°C, todavía lejos de la meta de los 2°C.

Algo más complicado: no todas las familias pueden pagar ellas mismas por el concreto. Las más pobres necesitan apoyo de las familias más grandes y ricas (o apoyarse entre ellas) para poder transformar sus ladrillos de adobe por cemento que resista al futuro.

Algo más: algunas de las familias más ricas llevan años alterando el ecosistema del estero de Puntarenas y el Golfo de Nicoya, provocando las condiciones que hacen necesario el nuevo rompeolas. Sin embargo, algunas de las familias grandes son “nuevos ricos”, pero en poco tiempo se han puesto a la cabeza de las alteraciones alrededor de Puntarenas. De hecho, dos terceras partes de las alteraciones al estero y al Golfo (o de las emisiones de gases de efecto invernadero) vienen de las familias en desarrollo. .

4. ¿Entonces quién recorta para que esto funcione?
151 líderes mundiales posaron para la foto de familia en la inauguración de la Conferencia del Cambio Climático. IAN LANGSDON / POOL / AFP

151 líderes mundiales posaron para la foto de familia en la inauguración de la Conferencia del Cambio Climático. IAN LANGSDON / POOL / AFP

Desde que se estableció este proceso a inicios de los noventas, se definió que los países industrializados con una mayor responsabilidad histórica de emisiones debían liderar la transformación y además apoyar financieramente a las economías emergentes. Estos son países como Estados Unidos, Canadá, Japón, la Unión Europea y Australia.

Pero el mundo ha cambiado desde que la Convención Climática fue firmada en 1992. Ahora, las emisiones de países como China e India superan la mayoría de países desarrollados y han crecido más rápidamente que los países desarrollados. En el 2015, las economías emergentes suman dos terceras partes de las emisiones anuales de gases de efecto invernadero.

Aún si cortamos todas las emisiones de los países ricos, no salvaremos al mundo.

Es decir, algunas familias de Puntarenas ahora son más grandes y ricas que antes, pero todavía quieren tributar como pequeñas a la hora de pagar el rompeolas.

Entonces, ¿cuál es la solución? Que cada quien recorte un poco. Pero ¿cuánto cada quién? Los gigantes asiáticos como China e India, primer y tercer emisor del mundo, durante años se resistieron a hacer recortes propios, escudados en la idea de que tenían “derecho” ya que el cambio climático no lo causaron ellos. Brasil, Sudáfrica, Indonesia y Turquía tienen discursos similares. Ahora los están haciendo, pero todavía lentamente.

También hay países que, por sus intereses geopolíticos o los beneficios económicos del petróleo (como Venezuela o Arabia Saudí) entorpecen el proceso, pero como las decisiones se toman por consenso de los 195 miembros, deben tomarse en cuenta de algún modo.

Al otro lado del espectro están los países pequeños y más vulnerables, como las islas del Pacífico y algunas naciones africanas y latinoamericanas, están alzando la voz de alerta: el acuerdo urge porque cada año nos impacta peor el cambio climático. Agrupados en el Foro de Vulnerabilidad Climática, exigen una nueva solidaridad mundial.

¿Por qué? Porque, si bien el cambio climático afecta a todos, el impacto jamás es igual. En los países más vulnerables y generalmente más pobres, el impacto será mayor.

Visto de otro modo: mientras las 195 familias de Puntarenas intentan acordar cómo construir el rompeolas, a las familias pobres se les inunda la casa con mayor frecuencia que a las demás.

5. Entonces, ¿cuáles detalles se están viendo?

Todo, básicamente. ¿Cuánto entonces deberán disminuir sus emisiones cada país? ¿Qué entendemos por reducir emisiones? ¿Deberíamos detener, limitar o desacelerar el calentamiento global? ¿Decimos que los países “deberían” reducir sus emisiones o “deberán” reducir sus emisiones? Así por siempre.

¿Cuánto entonces deberán disminuir sus emisiones cada país? ¿Qué entendemos por reducir emisiones? ¿Deberíamos detener, limitar o desacelerar el calentamiento global? ¿Decimos que los países “deberían” reducir sus emisiones o “deberán” reducir sus emisiones?

El documento de negociación empezó la conferencia con 54 páginas y durante sus primeros cuatro días, los negociadores han avanzado a pocos. Por suerte, es un proceso que empezó desde el 2011, entonces no se parte de cero, pero todavía falta mucho por cubrir.

Uno de los temas más críticos que todavía no se han resuelto son las finanzas climáticas: quién aportará el apoyo financiero que permitirá una transición a energías renovables, cada cuánto ocurrirá esto y quién recibirá estos aportes.

Otro tema clave es cómo evolucionará la histórica división “Norte-Sur” que tenía la conferencia. Hasta ahora, los países desarrollados que emitían más y tenían más responsabilidad histórica debían tomar el liderazgo, pero con el crecimiento de China, India, Brasil y otros, muchos consideran que deberían revisarse esa división. Pero, ¿cómo hacerla?

Para otros países, un detalle clave es incluir el respeto a los derechos humanos como un pilar del acuerdo. ¿Por qué? Porque este tratado no será sobre emisiones de carbono, sino sobre la gente que será afectada: su derecho al agua, a la vivienda, al trabajo, a un ambiente sano, al desarrollo personal. Este todavía resulta un tema con poca tracción.

Hay todavía algunos asuntos sin resolver, como la periodicidad con que serán revisadas las INDC, el rol de la sociedad civil y qué debe hacerse con los impactos climáticos a los cuales estos países no pueden adaptarse, también llamado pérdidas y daños.

Antes del plenario de cierre agendado para el próximo viernes 11 de diciembre (aunque las cumbres siempre se extienden un par de días más allá de su fecha programa de cierre) todo esto debe estar definido. Todos los 195 países deben negociar cada punto y estar de acuerdo. Si esto se logra, finalmente se podrá declarar exitoso el proceso.

Luego el próximo año deberán reunirse otra vez para sentar los reglamentos que regirán el acuerdo y empezar a vigilar su implementación. Este es rompecabezas que no acaba.

 

Esta noticia ha sido publicada previamente en la web Ojo al Clima, del “Semanario Universidad” de la Universidad de Costa Rica.

Esta nota sintetiza una información de otros medios de comunicación y tiene como objetivo facilitar la labor de los periodistas y líderes de opinión de América Latina en la cobertura del cambio climático. Se sugiere acceder al medio desde el cual se reproduce la noticia para verificar los permisos de uso.

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